Maestro Emérito y Ex Rector Dr. Javier Saldaña Almazán
La cuestión de la buena representación política, esto es, de los vínculos entre gobernantes y gobernados, se ha planteado desde los orígenes mismos de la democracia. Los antiguos atenienses combinaron el sorteo con las elecciones para garantizar que cualquier ciudadano habilitado para ocupar cargos y dispuesto a hacerlo, participara en el proceso decisional del Estado.
De este modo se evitaba que los gobernantes se convirtieran en oligarquías contrarias a los intereses del ciudadano común. Cualquier ciudadano ateniense durante su vida podía ser gobernante por un período corto de tiempo. Ingresados en el siglo XXI los ciudadanos y ciudadanas sienten con frecuencia que los gobernantes se encierran en una cápsula del poder y disputan por intereses que no incumben a la mayoría, también que las políticas públicas no los benefician o que son las contrarias a las prometidas en campaña.
